
Los dos vinos que tomamos fueron un Pruno del 2013, un Rivera del Duero de las Fincas Villacreces junto a un Villacreces del 2011 también de denominación de origen Rivera del Duero. A mí me gustó más el Pruno que era un tinto de crianza valorado con un 93 en la escala de Robert Parker. Elaborado a partir de las variedades Tinto Fino (90%) y Cabernet Sauvignon (10%). Tenía un sabor más suave que el Vilacreces y al no ser una amante del vino tinto preferí ese además, la relación calidad precio estaba muy bien y su sabor a fruta madura y a regaliz.
Por otro lado, el Villacreces estaba valorado con un 92 en la escala de Peñín. Elaborado a partir de 86% Tempranillo, 10% Cabernet Sauvignon y 4% Merlot. En esta ocasión me encontré con un vino con mucho más cuerpo y sabor y toques de fruta negra.










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